Jazmines

By Nicolás Ramos

Este cuento es parte de la antología “Concurso Literario de Poesía y Cuento para Autores Inéditos”. Este concurso era organizado anualmente por la Municipalidad de Córdoba. Aunque lo escribí hace algunos años, me parece una excelente forma de arrancar un 2007 de Creación y Acción. 

            Es para no volverme loco  que me pongo  a escribir estas líneas, que no son mas que otro intento desesperado para alcanzar la paz perdida hace pocos días, y porque necesito contárselo a alguien, pero a la vez sé que nadie me va a entender ni creer y hasta quizás termine internado por insano mental.

             Esta historia empezó hace alrededor de 3 meses, cuando luego de los exámenes en la universidad fuimos un grupo de amigos a la casa de Martín, que vive en Embalsina, una zona de Villa del Dique sobre el Embalse del Río Tercero.  Tuvimos suerte que nos tocara uno de los mejores veranos de los últimos años, o por lo menos eso decía Carla,  hermana  de Martín. 
             Yo, por mi parte, tuve suerte de que, en la familia de mi amigo estuviera ella; todavía no me explico cómo los mismos padres pueden tener un hijo tan feo y un año después una hija tan hermosa.
            Desde el primer momento en que nos conocimos pude percibir una energía especial  como flotando en el aire, algo que me hacia imposible dejar de mirarla y que me hacia  sentir que caminaba diez centímetros por encima del suelo cuando, por la mañana, la acompañaba en sus compras por el pueblo o a lo que fuera con tal de charlar un poco a solas con ella.
            Lo mejor era  que ella también parecía disfrutar de nuestras conversaciones, y de no ser por lo que ocurrió la última noche, no habríamos pasado de las sonrisas cómplices y las caricias casuales al cruzarnos en el estrecho pasillo que llevaba de las habitaciones al comedor de su casa, ese juego de seducción tan inocente como ineficaz.
            Esa noche se había organizado una fiesta en la casa de Marcos, amigo de Martín, a la que también iba Carla. Animado por las estrellas y la cerveza, o las estrellas que veía por la cerveza  decidí confesarle mi amor. Con no recuerdo qué excusa la lleve a un lugar apartado del jardín; las palabras empezaron a salir no sé de donde, hasta que me hizo callar con un beso.
          
-Franco, esto no puede ser, quizás algún día  entiendas y me perdones.
            Después de esto, entró. Yo me quedé tratando de recordar ese beso y juntando los pedazos de corazón desparramados en el piso. De pronto, apareció un chico que no había notado antes en la fiesta, con sus ojos encendidos.
            -Cómo podes hacerme esto – gritó, a la vez que me lanzaba su puño cerrado a la cara.
 
            Realmente no sé cómo me salvé que me pegara, sobre todo porque sentí muy cerca, casi dentro de mi cabeza, el silbido de su mano golpeando aire. Luego de esto, se desplomo llorando sobre el pasto.
            - Disculpa, no sabía que Carla estuviera con vos – le dije conmovido por como lloraba – de todas formas fue solo un beso y …
            - No te acerques, dejame solo – sollozó.
            En ese momento culpé a la cerveza, pero ahora estoy seguro que de sus ojos no salían lagrimas, sino pétalos blancos. Y recuerdo cómo, de pronto, un perfume a jazmín inundó todo. Asustado por lo que veía, decidí que debía estar muy borracho y me fui a recostar para partir al día siguiente.
            Al despedirme de ella, antes de subir al ómnibus le dije:
            - Perdoná como me porte anoche, no sabía lo de tu novio.
            Ella pálida balbuceo un gracias, me abrazo muy fuerte y se fue llorando.
           Hace dos días  me encontré con Martín, que volvió de su pueblo para empezar las clases y después de ponernos al día de lo que habíamos hecho en el resto del verano, aproveche para sacar el tema:
            - Ché, no tenía idea de lo del novio de tu hermana.
            - Si , pobrecita, no se recupera de esa pérdida.
            - De qué pérdida me hablás?- le pregunte sorprendido.
            Absorto escuché la historia de cómo Ariel,  novio de Carla, había muerto hacia ya casi un  año atropellado por un camión, cuando iba  en bicicleta, a visitar a su novia.
            - Lo único que se salvo, aunque no me creas,  fueron las flores que llevaba.
            Yo sólo atiné a preguntarle que flores traía consigo.
            - Jazmines, Ariel siempre regalaba jazmines. 

Una respuesta para “Jazmines”

  1. The Sky4YouOrg, Los Poetas Majaretas & The Big Vergas Band convocan el Concurso de Posts Sky4YouOrg 2007 Dice:

    jazmines en el pelo…..

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